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Sentencias de los Padres del Desierto

Un día, un anciano vino al abad Aquilas, y viendo que arrojaba sangre por la boca, le pregunto: «¿Qué es esto, padre?». Y dijo el anciano: «Una palabra de un hermano, que me ha contristado y que estoy intentando guardarla dentro de mí sin devolvérsela. Y he rogado a Dios que me la quitase, y se ha convertido en sangre dentro de mi boca. Y ya la he escupido y he recobrado la paz y olvidado mi disgusto».


Sagrado Corazón de Jesús

"¿Dónde podrá encontrar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador? En ellas habito con plena seguridad, porque sé que él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me tiende asechanzas; pero yo no caigo, porque estoy cimentado sobre roca firme. Si cometo un gran pecado me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz acordándome de las llagas del Salvador. El, en efecto, fue traspasado por nuestras rebeliones. ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo? Por esto, si me acuerdo de este remedio tan poderoso y eficaz, ya no me atemoriza ninguna dolencia por maligna que sea."

 San Bernardo


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